9/8/09

Nuestro planeta, una esfera azulada suspendida en el espacio.

Las nubes vaporosas envuelven la atmósfera. Las lluvias se derraman, los ríos se vuelven correntosos hasta que se funden con el mar. Luego el sol convierte en nubes las aguas para completar de ese modo el perfecto ciclo de la naturaleza.


Bebemos, nadamos, lloramos, flotamos.


El hermoso planeta azulado comienza a degradarse.

Los ríos de color son teñidos por bacterias y sustancias mortíferas, contaminados por los desechos producidos por la actividad humana. Metales pesados viajan a través de inmensos conductos hasta las cuencas de agua. Desechos radiactivos yacen en los fondos marinos dentro de tanques blindados. El arsénico se filtra en las napas subterráneas.


Un futuro imaginado, posible y deseado para el planeta azulado:

Las aguas vuelven a su estado natural de pureza, libres de contaminantes gracias a la aplicación de políticas efectivas de control sobre todo tipo de desechos.
Las industrias y municipios emplean sistemas de tratamiento de los efluentes. La naturaleza recobra su delicado equilibrio.


Texto que acompaña la puesta del conjunto de instalaciones presentadas en el Museo de San Fernando bajo el título ¨Ríos de color¨

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